Si hace tres años me hubieran dicho que hoy estaría dedicado al mundo de la cosmética y el cuidado de la piel, me habría echado a reír. Mi nombre es Ian. Soy emprendedor y CEO de una compañía farmacéutica donde lidero a un equipo de 120 personas. Siempre hemos creído que el cuerpo humano está maravillosamente diseñado y que, trabajando junto al sistema inmunológico, podemos ayudar a las personas a recuperar su salud natural.

Todo empezó a tomar un rumbo inesperado un día de oficina en el que Isabel, una de nuestras farmacéuticas en Mallorca, me pidió un momento para conversar. Me confesó que, aunque su labor diaria era la farmacia, su verdadera pasión siempre había sido la formulación dermatológica; de hecho, se había formado con los mejores en Barcelona. "¿No te gustaría desarrollar una línea de cuidado de la piel?", me preguntó.

Al principio, como no era mi campo, pedí a varios colegas que evaluaran su propuesta. La conclusión técnica fue obvia: no encajaba en nuestra misión. Nosotros hacíamos medicina, no cosmética.

Sin embargo, hay una convicción que guía mi vida: el mundo es un lugar bello y cada persona es única porque ha sido creada a imagen de Dios (Imago Dei). Fue entonces cuando lo comprendí: cuidar el cuerpo, cuidar la piel, no tiene nada que ver con la vanidad. Es un acto de gratitud por el regalo más precioso que se nos ha dado.

Compartí esta inquietud con mi colega y gran amiga Pilar. Ella, conociendo mi espíritu emprendedor, me animó de inmediato. Yo dudaba: ¿cómo encajaría esto en una farmacéutica de rigor científico? Pero Pilar, que llevaba años luchando con una piel seca sin encontrar solución, me lanzó el reto definitivo: "Hazlo". En realidad, lo que me estaba diciendo era: "Hagámoslo". Y así, nos convertimos en cofundadores de una nueva empresa: Imago Dei Creations SL.

Dimos carta blanca a Isabel para buscar los mejores ingredientes del Mediterráneo, adaptados al exigente clima del sur de Europa. No queríamos solo "productos naturales"; queríamos ingredientes que trabajaran con la biología de la piel. Así llegamos, entre otros, a los Lithops (piedras vivas), precursores de la vitamina D que permiten a la piel sintetizarla incluso bajo el protector solar, y al ácido hialurónico multimolecular.

Tras un año de trabajo intenso, lo teníamos todo: cremas excelentes, envases de vidrio preciosos, un marketing impecable y una fecha de producción. Pero entonces, me detuve.

Nuestra marca se llamaba Imago Dei y nuestro lema era "Cuídate. Eres una obra maestra". Al mirar lo que habíamos creado, me di cuenta de que habíamos caído en la trampa de la industria: ofrecíamos una crema estándar y un par de serums iguales para todos. Mi corazón me dijo que no era suficiente. No podíamos llamar a alguien "obra maestra" y darle una solución genérica.

Tomé la decisión más difícil de mi carrera: pararlo todo. Renunciamos a los frascos, a las cajas y a la inversión realizada. Volvimos a la mesa de diseño.

La inspiración vino de mi mujer y de Pilar. Ambas tenían la costumbre de "personalizar" sus cremas en casa, añadiendo gotas de aceites o aloe vera según sentían su piel cada mañana. Ese fue nuestro momento Eureka: no crearíamos una crema más, sino un sistema dinámico.

Isabel aceptó el reto con entusiasmo. Reformuló todo para crear las D-HydraCell Cream y Gel: una base de hidratación sublime en sí, pero diseñadas también para mezclarse en el momento del uso con nuestras Dynamic Drops (Gotas Dinámicas), serums altamente concentrados con una meta específica. Así, cada persona puede crear, en el momento de uso, el tratamiento exacto que necesita según su piel, el clima, su actividad o incluso su estado de ánimo.

Además, para proteger la pureza, exigimos envases airless (sin aire). Pilar me había enseñado que las cremas en tarro se oxidan y pierden eficacia al contacto con el aire. Con nuestro sistema, los activos se mantienen frescos y potentes hasta la última gota.

Hoy, tras otro año de esfuerzo, Imago Dei es una realidad. Lo vimos en nuestra tienda pop-up en Palma: al principio, la gente se sorprendía con el sistema, pero quienes se atrevieron a probarlo —los pioneros— volvieron entusiasmados. Incluso nuestros compañeros de la farmacéutica son hoy nuestros mejores clientes.

Hemos desarrollado un análisis de piel por IA para guiar a cada persona en su mezcla ideal, y ofrecemos una garantía de devolución de 75 días, incluso con los botes abiertos y usados, porque confiamos plenamente en lo que hacemos. No queremos que te escondas tras la cosmética, sino que celebres tu propia belleza.

"Somos una pequeña startup con una misión gigante: recordarte, cada mañana, que eres una obra maestra que merece ser cuidada."

— Ian, CEO y Cofundador